Todos los drones dicen grabar en 4K. La diferencia entre uno de 270 € y uno de 2.700 € no está ahí, sino en tres cifras que casi nunca aparecen en el anuncio.
Este artículo no va de qué dron comprar —eso ya lo tratamos aparte— sino de una pregunta más concreta: ¿qué cámara te estás llevando exactamente en cada escalón de precio? La respuesta se reduce a tres números: tamaño del sensor, bitrate y qué formatos de color te deja grabar. Todo lo demás es envoltorio.
La resolución se puede recortar, el color se puede corregir, pero la luz que no entra no entra. Un sensor mayor recoge más luz, y eso se traduce en tres cosas concretas: menos ruido cuando baja el sol, más detalle recuperable en las sombras y un cielo que no se quema tan fácilmente cuando el suelo está bien expuesto.
Por eso el tamaño del sensor es lo que ordena las gamas de verdad, no los megapíxeles. Un sensor de 1/2,3" con 12 MP y uno de 1/1,3" con 48 MP no se diferencian en píxeles: se diferencian en superficie.
Es la puerta de acceso. El DJI Mini 4K es el ejemplo típico: sensor CMOS de 1/2,3", fotos de 12 MP, vídeo 4K a 3840 × 2160 hasta 30 fps con un bitrate máximo de 100 Mb/s, y estabilizador mecánico de 3 ejes —que, ojo, es lo que de verdad separa un dron con cámara de un juguete con cámara pegada—. Da imágenes perfectamente presentables a plena luz del día. En interiores de sombra, contraluces o al atardecer, se le ve el límite enseguida.
El salto más rentable del catálogo. El DJI Mini 3 monta un CMOS de 1/1,3" con 48 MP efectivos y apertura f/1,7, grabando 4K hasta 30 fps. Su hermano Mini 4 Pro, con sensor del mismo tamaño, sube a 4K a 60 fps con hasta 150 Mb/s y añade perfil D-Log M de 10 bits, que es lo que te da margen para corregir color en la edición en lugar de quedarte con lo que decidió la cámara.
Aquí aparece el DJI Air 3S: cámara gran angular con sensor CMOS de 1" y 50 MP efectivos a f/1,8, más una segunda cámara teleobjetivo de 1/1,3" y 48 MP a f/2,8. Graba 4K hasta 120 fps con bitrate máximo de 130 Mb/s en H.264/H.265, ofrece D-Log M y HLG en ambas cámaras y guarda fotos en DNG (RAW). Pesa 724 g y lleva clase C1.
El DJI Mavic 4 Pro lleva cámara Hasselblad con sensor 4/3" y 100 MP efectivos, apertura variable de f/2,0 a f/11 —poder cerrar el diafragma es un lujo real, no una cifra de catálogo—, vídeo 6K a 60 fps, bitrate estándar de 180 Mb/s en H.265 y los tres perfiles: D-Log, D-Log M y HLG. Suma además un teleobjetivo medio de 1/1,3" y 48 MP y un teleobjetivo de 1/1,5" y 50 MP. Pesa unos 1.063 g y lleva clase C2.
El bitrate es cuántos datos por segundo guarda el archivo de vídeo. La escala de arriba lo dice todo: 100 Mb/s en la entrada, 130 en la gama alta, 180 en la profesional. Se nota exactamente donde hay mucha información fina y en movimiento —el follaje de un bosque, el oleaje, una multitud— y en los degradados suaves de un cielo al atardecer, que a bitrate bajo se rompen en bandas.
Regla práctica: si lo que grabas se va a publicar tal cual en redes, el bitrate de la gama de entrada te sobra. Si vas a editar y corregir color, cada Mb/s cuenta, y el perfil log importa todavía más que el bitrate.
Un perfil log (D-Log, D-Log M) graba una imagen plana y aparentemente descolorida a propósito, conservando información en luces y sombras que un perfil normal tira a la basura. Sirve solo si vas a corregir color después: si no editas, un log te da vídeo feo sin ninguna ventaja. Lo mismo con el DNG/RAW en foto.
La línea divisoria está clara: por debajo de la gama media no hay log ni RAW, y a partir de ahí sí. Si tu flujo de trabajo termina en el móvil, no pagues por ello. Si termina en un editor, es probablemente la razón principal para subir de gama —más que el propio sensor—.
Esta es la parte que rara vez aparece en las comparativas de cámaras y que en España pesa mucho. Fíjate en la progresión: 248 g y clase C0 en el Mini 3; 724 g y clase C1 en el Air 3S; unos 1.063 g y clase C2 en el Mavic 4 Pro. Cada escalón de clase cambia las distancias mínimas a personas y las condiciones de vuelo dentro de la categoría abierta, como detallamos en la guía de normativa de drones en España.
Y hay algo que no cambia con el peso: por llevar cámara hay que registrarse como operador. Un dron de 249 g con cámara obliga al registro en AESA igual que uno de un kilo, como explicamos en qué cambia por debajo de los 250 gramos.
Si lo tuyo es sobre todo el vídeo, sigue por qué mirar en un dron para grabar vídeos y por las técnicas y ajustes de fotografía aérea. Más comparativas en el hub de Mejores Drones.