"Depende" es la respuesta real, pero no es útil. Esto es lo que separa un dron de 150 € de uno de 3.000 €, con precios de referencia de septiembre de 2026 —que se mueven, pero dan una idea real de las gamas.
El precio de un dron no sube de forma lineal con la marca ni con lo bonito que se vea en la caja: sube con tres cosas muy concretas —tamaño del sensor de la cámara, sistemas de detección de obstáculos y, en el escalón más alto, precisión RTK—. Conocer esas tres variables permite entender por qué dos drones que parecen similares pueden costar el triple el uno del otro.
Aquí están los drones plegables de menos de 250 gramos, clase C0, con cámara básica y sin —o con muy poca— detección de obstáculos. El DJI Neo original ronda los 140-165 €, y su sucesor, el DJI Neo 2, se sitúa en torno a los 239 €, ya con LiDAR frontal y detección omnidireccional que el primero no tenía. Es la gama que cubre bien un uso ocasional —vídeos familiares, viajes— pero con cámaras de sensor pequeño (1/2") que se quedan cortas en poca luz.
Aquí entran modelos como el DJI Mini 4 Pro (con mando básico desde algo más de 300 € hasta bastante más con el pack Fly More) y el DJI Mini 4K en su gama más económica. Siguen siendo drones de menos de 250 gramos, pero ya incorporan detección de obstáculos más completa y sensores algo mayores. Es la gama que suele recomendarse para quien quiere grabar en serio sin pasar todavía a un sensor de una pulgada.
El salto de precio aquí viene del sensor de la cámara. El DJI Air 3S, con sensor principal de 1 pulgada y una telecámara de 1/1,3", parte de alrededor de 1.000 €. En el escalón superior, el DJI Mavic 4 Pro —con cámara Hasselblad de 4/3" y dos teleobjetivos adicionales— se mueve en torno a los 2.700 € en su pack Fly More Combo. La diferencia frente a la gama media no es solo la resolución en megapíxeles: es cuánta luz capta el sensor, lo que se nota sobre todo en vídeo nocturno o con poca luz.
Los drones pensados para topografía, inspección o agricultura ya no compiten en fotografía de aficionado, sino en precisión y cargas útiles. Un dron con módulo RTK (precisión centimétrica en vez de los varios metros de un GPS normal) o con cámara térmica radiométrica parte de varios miles de euros, y los modelos con cargas útiles intercambiables o pensados para operaciones BVLOS de largo alcance pueden superar con holgura los 10.000 €. Esta gama solo tiene sentido económico si el dron se va a amortizar con encargos profesionales —ver el pilar de Uso Profesional—, no para uso particular.
La pregunta que de verdad decide el presupuesto: ¿vas a mirar el vídeo en el móvil o vas a entregarlo a un cliente? Si es lo primero, la gama de entrada o media sobra de sobra. Si es lo segundo —vídeo profesional, precisión de datos o encargos remunerados—, el gasto en sensor o en RTK se justifica solo porque el resultado se nota, y se cobra.
El precio no es la única variable que cambia por gama: el peso también decide qué papeleo hace falta. La mayoría de drones de entrada y gama media pesan menos de 250 gramos (clase C0), lo que simplifica el certificado necesario; los de gama alta y profesional suelen superar ese umbral y entran en clases C1, C2 o superiores, con más requisitos. Antes de decidir solo por presupuesto, conviene revisar la guía de cómo elegir dron, donde el peso se trata como el criterio que de verdad condiciona el resto.
No hay "el precio de un dron": hay cuatro gamas con lógicas distintas —entrada por peso ligero y cámara básica, media por más detección de obstáculos, alta de consumo por sensor de cámara, y profesional por precisión RTK—. Los precios de referencia citados aquí son de septiembre de 2026 y se mueven con el tiempo, pero la lógica de por qué unas gamas cuestan más que otras no cambia.